Michael Connelly


La Rubia de Hormigón

03 Serie Bosch

Dedicado a Susan, Paul y Jamie Bob y Marlen, Ellen, Jane y Damián


Prologo

La casa de Silverlake estaba a oscuras, sus ventanas tan vacías como los ojos de un cadáver. Era una construcción antigua, de estilo California Craftsman, con un porche que se extendía por toda la fachada y dos ventanas de buhardilla en la larga pendiente del tejado. No se veía ninguna luz encendida tras los cristales, ni tampoco encima del dintel. La casa proyectaba una oscuridad ominosa que ni siquiera el resplandor de la farola de la calle lograba penetrar. Si había un hombre aguardando en el porche, Bosch probablemente no podría verlo.

– ¿Está segura de que es aquí? -le preguntó a la mujer.

– No es en la casa -dijo ella-. Es detrás, en el garaje. Si adelanta lo verá al final del camino.

Bosch pisó el acelerador del Caprice y pasó de largo junto al sendero de entrada.

– Allí-dijo ella.

Bosch detuvo el vehículo. Había un garaje detrás de la casa y encima de éste un apartamento con una luz sobre la puerta y una escalera de madera en un costado. Dos ventanas, luz en el interior.

– Vale -dijo Bosch.

Ambos se quedaron mirando el garaje durante unos segundos. Bosch no sabía qué era lo que esperaba ver. Tal vez nada. El perfume de la prostituta llenaba el coche, y el detective bajó la ventanilla. No sabía si debía fiarse de ella o no. Lo único que sabía era que no podía pedir refuerzos. No se había llevado radio, y el coche carecía de teléfono.

– ¿Qué va a…? ¡Ahí viene! -dijo ella con apremio.

Bosch lo había visto, la sombra de una figura cruzando detrás de la ventanita. El baño, supuso.



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