– Está en el baño -dijo ella-. Allí es donde lo vi todo.

Bosch apartó la mirada de la ventana y observó a la joven.

– ¿Qué vio?

– Yo, eh, revisé el botiquín. Bueno, cuando estaba allí, sólo para ver qué tenía. Una chica tiene que ser cuidadosa. Y vi todo aquello. Maquillaje. Rímel, pintalabios, toallitas y potingues. Así fue como supuse que era él. Usa todo eso para pintarlas cuando ha terminado, bueno, cuando las ha matado.

– ¿Por qué no me lo dijo por teléfono?

– No me lo preguntó.

Vio que la silueta pasaba por detrás de las cortinas de la otra ventana. La mente de Bosch se había disparado y su corazón aceleraba a plena potencia.

– ¿Cuánto hace que salió de ahí?

– Joder, no lo sé. Tuve que caminar hasta Franklin antes de encontrar a alguien que me llevara al bulevar. Estuve en el coche unos diez minutos, así que no lo sé.

– Inténtelo. Es importante.

– No lo sé, ha pasado más de una hora.

Mierda, pensó Bosch. Ella se había hecho un cliente antes de llamar a la poli, lo cual mostraba un alto grado de preocupación. «Podría haber refuerzos arriba y estoy aquí mirando.»

Aceleró calle arriba y encontró un espacio junto a una boca de incendios. Apagó el motor, pero dejó las llaves en el contacto. Después de bajar, volvió a asomar la cabeza por la ventanilla abierta.

– Escuche, voy a subir. Quédese aquí. Si oye disparos, o si no vuelvo en diez minutos trate de que le abra algún vecino y llame a la policía. Diga que un agente necesita ayuda. Hay un reloj en el salpicadero. Diez minutos.

– Diez minutos, cariño. Ahora vaya a hacerse el héroe, pero yo me llevaré esa recompensa.

Bosch sacó la pistola mientras corría por el sendero. La escalera del costado del garaje era vieja y los peldaños estaban combados. Los subió de tres en tres, haciendo el menor ruido posible. Aun así, tenía la sensación de que estaba anunciando a gritos su llegada. En lo alto, levantó el brazo y con la culata del arma rompió la bombilla desnuda que había sobre el dintel. Retrocedió en la oscuridad hasta la barandilla. Levantó la pierna izquierda, cargó todo su peso e impulsó en el talón y asestó una patada seca justo encima del pomo.



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