
– Harry, ¿qué está pasando ahí?
– Lo habitual. Esperando. Ya tenemos jurado, así que los letrados están dentro con el juez, hablando de los preliminares. Belk dijo que no hacía falta que me quedara, así que he salido a dar una vuelta. -Miró el reloj. Eran las doce menos diez-. Pronto harán una pausa para comer.
– Bien. Te necesito.
Bosch no protestó. Pounds le había prometido que lo dejaría fuera de la rotación de casos hasta la finalización del juicio. Una semana más, a lo sumo dos. Era una promesa a la que Pounds estaba obligado, puesto que Bosch no podía asumir la investigación de un homicidio mientras se hallaba en el tribunal federal cuatro días a la semana.
– ¿Qué pasa? Pensaba que estaba fuera de la ronda.
– Estás fuera de la ronda. Pero puede que tengamos un problema. Y te afecta a ti.
Bosch dudó un momento. El trato con Pounds era siempre así. Harry se fiaría antes de un confidente que de Pounds. Siempre tenía un motivo manifiesto y otro oculto. Al parecer, el teniente se disponía a realizar otro de sus bailes característicos, hablando con frases elípticas, tratando de que Bosch mordiera el anzuelo.
– ¿Un problema? -preguntó Bosch por fin. Una respuesta adecuada, no comprometida.
– Bueno, supondré que has leído el periódico de hoy, el artículo del Times sobre el caso.
– Sí, acabo de leerlo.
– Bueno, pues tenemos otra nota.
– ¿Una nota? ¿De qué está hablando?
– Estoy hablando de que alguien ha dejado una nota en el mostrador de la calle. Dirigida a ti. Y que me parta un rayo si no suena como una de esas notas del Fabricante de Muñecas.
