
– Sí.
Cuando Bosch ya estaba colgando oyó la voz de Pounds y volvió a ponerse el auricular en la oreja.
– Una cosa más. Si los medios se presentan allí, déjamelos a mí. Salga como salga esto, no puedes estar formalmente implicado en el nuevo caso por el litigio del otro. Sólo estarás allí como testigo experto, por decirlo de alguna manera.
– Bien.
– Nos vemos allí.
Capítulo 2
Bosch cogió Wilshire desde el centro y cortó a la Tercera después de recorrer lo que quedaba del parque MacArthur. Al doblar hacia el norte por Western distinguió a la izquierda varios coches patrulla, vehículos de detectives y las furgonetas de la escena del crimen y del forense. El cartel de Hollywood colgaba al norte en la distancia, con las letras apenas legibles por la contaminación.
De lo que había sido Bing's sólo quedaban tres paredes ennegrecidas que cuidaban de una pila de chatarra calcinada. No había techo, pero los uniformados habían extendido una lona por encima de la pared de atrás y la habían atado a la alambrada que recorría la parte anterior de la propiedad. Bosch sabía que no lo habían hecho para que los investigadores trabajaran a la sombra. Se inclinó y miró hacia arriba a través del parabrisas. Allí estaban, volando en círculos, las aves carroñeras de la ciudad, los helicópteros de los medios de comunicación.
Bosch aparcó y vio a una pareja de empleados municipales de pie al lado de un camión de equipamiento. Estaban pálidos y aspiraban con fuerza de los cigarrillos. Sus martillos neumáticos descansaban en el suelo, junto a la parte trasera del camión. Estaban esperando, rezando porque su trabajo allí hubiera concluido ya.
Pounds estaba de pie al otro lado del camión, junto a la furgoneta azul del forense.
