Desde hacía algún tiempo, por las mañanas sólo se leía la sección de deportes, concentrando toda su atención en las páginas finales, donde se publicaban los resultados y las estadísticas actualizadas. Por algún motivo, las columnas de cifras y porcentajes le resultaban tranquilizadoras. Eran algo claro y conciso, una expresión de orden absoluto en un mundo caótico. Enterarse de quién había anotado más home runs, los Dodgers le hacía sentir que de algún modo seguía conectado con la ciudad, y con su propia vida.

Pero ese día había dejado la sección de deportes en el maletín, que estaba bajo la silla, en la sala de vistas. Lo que tenía en sus manos era la sección metropolitana del Los Angeles Times. Había doblado cuidadosamente la sección en cuatro, de la forma en que lo hacen los conductores para poder leer mientras circulan. El artículo sobre el caso ocupaba una de las esquinas inferiores de la primera página de la sección. Lo leyó una vez más y una vez más sintió que se ponía colorado al leer acerca de sí mismo.

Empieza el juicio sobre el «disparo del peluquín»

por Joel Bremmer, de la redacción del Times

Hoy se inicia un inusual caso de derechos civiles en el que un detective de policía de Los Ángeles está acusado de haber hecho un uso excesivo de la fuerza hace cuatro años, cuando disparó y mató a un presunto asesino en serie en el momento en que creyó que éste estaba sacando una pistola. En realidad el supuesto asesino estaba buscando su peluquín.

El detective de policía Harry Bosch, 43, será juzgado en el tribunal federal del distrito por la demanda que interpuso la viuda de Norman Church, un trabajador aeroespacial a quien Bosch causó la muerte de un disparo en el climax de la investigación de los asesinatos del llamado Fabricante de Muñecas.



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