
La policía llevaba entonces casi un año buscando a un asesino en serie bautizado así por los medios de comunicación porque utilizaba maquillaje para pintar las caras de sus once víctimas. La muy publicitada persecución del sospechoso estuvo marcada por el envío de poemas y notas al detective Bosch y al Times.
Tras la muerte de Church, la policía anunció que disponía de pruebas incuestionables de que el ingeniero mecánico era el asesino.
Bosch fue suspendido y posteriormente trasladado de la unidad especial de robos y homicidios del Departamento de Policía de Los Angeles a la brigada de homicidios de la División de Hollywood. Al comentar la degradación, la policía argumentó que Bosch fue sancionado por errores de procedimiento, como el hecho de que no solicitara refuerzos en el apartamento de Silverlake, donde se produjo el disparo fatal.
Los portavoces de la policía sostuvieron que la muerte de Church no se debió a un disparo indebido.
Puesto que el fallecimiento de Church impidió la celebración de un juicio, gran parte de las pruebas recopiladas por la policía no se han hecho públicas bajo juramento. El juicio federal probablemente cambiará este hecho. Se espera que hoy finalice el proceso de selección del jurado, que se ha prolongado una semana, y que se abra el juicio con las exposiciones iniciales de los letrados.
Bosch tuvo que volver a doblar el diario para continuar leyendo el artículo en una página interior. La visión de su foto le distrajo por un momento. Era una vieja instantánea, la misma que figuraba en la tarjeta de identificación del departamento, no demasiado diferente a las del archivo policial. A Bosch le molestó más la foto que el artículo, pues consideraba que publicarla era una invasión de su intimidad. Trató de concentrarse en el texto.
A Bosch lo defenderá la fiscalía pública porque el disparo se produjo mientras se hallaba en acto de servicio. Si la demandante gana el juicio serán los ciudadanos quienes pagarán y no Bosch.
