Nicolás Valdivia: yo seré tuya cuando tú seas Presidente de México.

Y te lo aseguro: yo te haré Presidente de México. Por esta cruz de mis dedos te lo juro. Por la santísima Virgen de Guadalupe, te lo prometo con santidad, mi amor.

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Xavier Zaragoza "Séneca" a María del Rosario Galván


No pretendo que me hagan caso. Un "consejero áulico" cumple con su deber aconsejando con buena voluntad -no basta- y buena información -no se nos da-. Si logro sobrevivir esta desgracia será, precisamente, porque en esta ocasión el señor Presidente, desgraciadamente, sí me hizo caso.

Como es mi costumbre, dilecta amiga, invoqué los principios, que para eso tengo la oreja del Presidente. Soy el Pepito Grillo de su conciencia. Saco del armario mi colección de principios éticos. Acaso mi esperanza secreta, María del Rosario, es que mi conciencia quede a salvo aunque la realpolitik se vaya por el lado del pragmatismo. La realpolitik, sabes, es el culo por donde se expele lo que se come -caviar o nopalito, pato á l’orange o taco de nenepil-. Los principios, en cambio, son la cabeza sin ano. Los principios no van al excusado. La realpolitik atasca los inodoros del mundo y en el mundo del poder tal como es, no tienes más remedio que rendirle tributo a la madre naturaleza.

Pero hoy, por una vez, vencieron los principios. El Presidente decidió, quizá como regalo de Año Nuevo 2020 a una población ansiosa, más que de buenas noticias, de satisfacciones morales, que pediría en su Mensaje al Congreso el abandono de Colombia por las fuerzas de ocupación norteamericanas y, de pilón, prohibir la exportación de petróleo mexicano a los Estados Unidos, a menos que Washington nos pague el precio demandado por la OPEP.



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