
Abbie fue a la cocina. Grey estaba aún al lado de la lavadora. Así que tuvo que pedirle que se apartase para meter la ropa.
– Perdona, Grey.
Le pareció que él no iba a moverse, luego lo vio encogerse de hombros y decirle:
– Abbie, ¿vas a dejar de andar con esa cara y vas a dejarme que te explique? -le pidió él, cuando ella fue a meter la ropa.
– ¿Explicarme? Tú querías hacer una llamada privada. ¿Qué tienes que explicarme acerca de ello?
Aunque sentía que había mucho que explicar. Puso el programa en la lavadora y quiso marcharse, pero él se interpuso en su camino.
– Sé que estás enfadada porque no quiero que tengamos un bebé ahora…
– ¡Qué listo! -lo interrumpió.
Pero en realidad lo que le molestaba era que no quisiera escucharla, algo que no era común en él.
Cuando ella pasó por su lado, él la sujetó por el brazo.
– Lo siento si ha parecido que no me preocupa el tema. Lo pensaré. Lo que ocurre es que estas dos semanas han sido muy duras.
– ¿Unas semanas difíciles? ¿Qué ocurrió? -preguntó ella preocupada-. ¿Se trata de Robert? -Abbie recordó la llamada de Robert.
– ¿Robert? -repitió él, sorprendido.
– Lo has llamado antes. Y me preguntaba. -Abbie dudó, luego continuó-: Pensé que tal vez Susan había vuelto a causar problemas.
– No. No se trata de Susan. -Grey se encogió de hombros-. Ahora no puedo explicártelo.
– ¿No? -ella se puso tensa-. Entonces no puedo comprenderlo. Y si ahora me perdonas… -dijo ella formalmente-. Ha sido un día muy duro, y si no me acuesto enseguida me caeré de cansancio.
Él la miró como si no pudiera creer lo que estaba escuchando. A ella le pasaba lo mismo. Por lo visto, aquel día no se entendían.
Grey se apartó para dejarla pasar. Tenía las facciones tensas.
