La obra de aquella tarde, creo recordar, fue Le Petit Cheval bossu, en el cual mi padre representaba al kan en su tienda llena de alfombras. Todos nuestros ballets estaban basados en cuentos de hadas franceses y alemanes, hasta que mi padre y sus amigos, que se reunían los sábados por la tarde en casa de Stukolkin, sugirieron al viejo maestro St. Léon que basara un ballet en algún cuento de hadas ruso. St. Léon se encogió de hombros y confesó que no conocía ninguno. Al oír esto, Stukolkin salió corriendo y sacó un libro de cuentos de los estantes de la habitación de sus niños, apartó el samovar y el té y leyó en voz alta el cuento de El caballito jorobado, de Ershov, y alguien lo fue traduciendo línea por línea al francés para que St. Léon lo entendiera. Y así, el cuento de la zarina doncella e Ivánushka el Loco se convirtió en ballet, y St. Léon, inspirado, asistió a lecciones de ruso y aprendió a hablarlo con fluidez, más de lo que se podía decir de su sucesor como maître de ballet, el obsequioso francés Marius Petipa. De modo que yo estaba aquella tarde en el teatro, viendo a mi padre representar al antiguo kan de los kirguises kazajos que echa de menos a la joven zarina doncella pero averigua después de raptarla que no se dejará poseer. Al final, transtornado por la pasión que siente por ella, salta a un barril con agua hirviendo y ella se casa con Ivánushka el Loco. Al cabo de unos pocos años yo representaría mi primer papel infantil en ese ballet, como parte de una bacanal submarina. Al final del segundo acto, el caballito y un niño campesino bucean en el fondo del mar para encontrar el anillo perdido de la zarina doncella, y allí fue donde me encontré yo, en un cuadro vivo con todos los habitantes del mar. Pero en esta ocasión que les cuento yo solo tenía tres años, y estaba tan silenciosa y arrobada viendo cómo la noche se convertía en día en el escenario y el viento dejaba paso a los truenos, mientras los tramoyistas trabajaban en las maquinarias, que mi padre se olvidó de que estaba sentada junto a él en el palco de los artistas y se fue sin mí a su camerino a quitarse el maquillaje.


26 из 410