
Una mujer se le ha acercado. Parece salida de una foto de la realeza británica. Lleva el pelo gris recogido en un moño que ha rematado con una cinta de raso negro. Negro también es el vestido sin una arruga que la tapa hasta las rodillas y sólo tiene el detalle de una puntilla inmaculada bordeando el escote y los puños. Un collar de perlas de dos vueltas, caravanas haciendo juego y un par de anillos que encandilan completan el conjunto. Apenas está maquillada y sin embargo tiene una distinción en la mirada que la vuelve interesante. También ella huele a frutas.
– ¿Qué tal? ¿Puedo ayudada?
– En realidad, entré para mirar, nada más. Tiene cosas divinas.
– ¡Ah! Es que solamente trabajo con lo mejor de lo mejor. En esto no hay secretos. Si usted lleva una prenda confeccionada con estas telas, durará tres o cuatro veces más que las que compra por ahí a menor precio. Al final, resulta un ahorro y usted viste la ropa que merece, porque toda mujer merece llevar ropa como ésta sobre la piel.
– ¡Ajá!
– Es mucho más importante para una mujer la ropa que lleva por debajo que la que se ve.
– ¿Usted cree?
– Estoy convencida. Puede vestir un pantalón vaquero gastado, o hasta el menos gracioso de los uniformes, pero si sabe que debajo de eso lleva una prenda adorable, suave, seductora, que le acaricia el cuerpo, se sentirá no solamente más cómoda, lo que es obvio, sino más segura.
– No lo había pensado.
