
– Ah, yo sí. Hace veinticinco años que me dedico a esto y sé muy bien lo que le digo. La ropa íntima, como su nombre lo indica, es casi de lo único que somos dueños, que compartimos cuándo y cómo queremos y si queremos, que mostramos a quien se nos da la gana y que ocultamos también a voluntad. Además, le aseguro que un hombre se emocionará mil veces más frente a una pieza diminuta como ésta que ante un costoso vestido, por escotado que sea.
– ¿Le parece?
– ¡Estoy segura! La ropa exterior se ve de primera, no implica misterio, está todo ahí. Sin embargo, la otra, la que le lleva en contacto con la piel, guarda su perfume y protege su textura, ¡ah!, ésa es todo un desafío para la imaginación.
– Me sorprende.
– Se sorprendería más si estuviera aquí un tiempo. Vienen mujeres de todo tipo, con sus problemas y con proyectos, también. Mientras las ayudo a elegir su ropa, les pregunto para qué ocasión la quieren, y una cosa trae la otra. La mayoría de las señoras vuelve. Ellas saben muy bien que pueden confiar en mi discreción y en mi experiencia. Muchas vuelven para agradecer. Pero no es la ropa, sino lo positivo que ejerce en ellas.
Elena toma un camisón corto de seda azul, tan suave que se desliza entre los dedos. Lo coloca sobre su ropa y se mira al espejo, un gran espejo ovalado.
– ¿Qué le parece?
– Depende.
– ¿De qué?
– De para qué lo quiera.
– En realidad no sé, me gustó.
– Entonces no lo lleve. Estas prendas deben elegirse con un propósito, con gusto y ganas, sabiendo el efecto que se desea producir.
– Si me pongo esto, voy a sentirme más linda.
– Tómese el tiempo que quiera. Ahí tiene el probador. Vístalo, disfrútelo. No piense solamente en lo que le provocará a otros, piense primero en usted. Eso es fundamental. Si se siente linda, los demás la verán así.
Suenan los cascabeles de la puerta. La mujer se disculpa y se va a atender a una señora muy gorda que acaba de entrar. Las dos se saludan con un beso, como amigas. Elena decide probarse el camisón azul. “Total, no pierdo nada. ¡Qué mujer más extraña! Debe de llevar culotes largos. Pero qué bien me va esta cosita, parece hecha para mí. El azul siempre me quedó bien.”
