
Que los caminos del deseo son varios y complicados le pareció siempre una sentencia lógica, que ella debiera enterarse de los vericuetos que tales veredas podrían tener en el alma de su marido no estaba en la lista de sus asignaturas pendientes. En esa lista bien tenía ella otras y bien guardadas las quería.
Por eso no regaló sus oídos a las preguntas indecisas sobre la condición de su matrimonio, mucho menos a la euforia con que alguien tuvo a bien comunicarle cuánto se apreciaba entre sus conocidos lo moderno, inteligente y ejemplar que parecía su pacto. Prefería no enterarse de la riesgosa información que podían esconder semejantes elogios, mejor no dar a otros el gusto de sacudir su curiosidad al son de un comentario soltado al paso como un clavel.
No sabía Clemencia qué mundos podía él guarecer bajo una gota de sueño, pero bien adivinaba cuántos pueden cruzar por un instante: su misma vida era una multitud de fantasías y desorden dejándose caer por todo tipo de precipicios. Por eso sintió miedo y una suerte de compasión por él y sus secretos. Por eso lo miraba preguntándose de buenas a primeras quién más podía caber dentro de aquel hombre que soñaba junto a ella cuando tan bien dormían con las piernas entrelazadas una noche y la otra. ¿A dónde iba de viaje su entrecejo? ¿En qué visita guiada hacia qué ojos estaría sumergido?
Nunca, en todo lo largo de los mil años de su vida juntos, sintió Clemencia aquel brinco ridículo que provocan los celos comiéndose la boca del estómago, jamás sino hasta que la punta de una hebra le cayó tan cerca que con sólo jalarla desbarató de golpe una madeja de vinos y voces, viajes y besos, cartas y cosas, palique y poemas que le dejó de golpe todas las dudas y todas las certezas de las que ella no hubiera querido saber.
Ella, que libre se creía de ataduras tales como el resentimiento, el espionaje, la inseguridad y los celos, tuvo a mal enterarse de que su impredecible marido era capaz no sólo de tener varias empresas y múltiples negocios, sino varias mujeres complacientes y al parecer complacidas, varias mujeres a cual más entregadas o deshechas en lágrimas y risas. Así las cosas, todo el asunto le pareció tan increíble como probable resultaba.
