
Cualquier día te creo. El vestido, Tito. Pero che, mirá que sos porfiado. Ahí pasaron las gordas del tres bis. Algo más para que chusmeen de nosotros. Sí. Tu michi sí. Pero nada más. Quiero ver a los ambulantes. Y quiero mi silla. El viejo de enfrente no afloja. Va y viene pero no afloja. ¿Me subís el cierre o no me subís el cierre? ¿Y por qué me voy a callar? ¿Yo te digo algo a vos porque nunca hablás?, ¿qué sos mudo, o algo así, te digo? ¿Entonces? Tito me hacés cosquilla. Dame la silla. El peinado, Tito. Subime el cierre, ¿querés? Sí. Tu michi. Y bueno, tu michi, y la seguimos después. Claro que me gusta. Pero primero los ambulantes, ¿oís? Ya están anunciando. Tito. Che. Mirá lo que es mi vestido. Aflojá la silla. Dámela. Pobre vestidito mío. ¿Cómo que para qué lo necesito? ¿Qué querés? ¿Que ande desnuda querés? Oí. Empezaron con la función. Y yo todavía aquí. Y toda arrugada. Mirá cómo me pusiste. El cierre, sí. Pero subilo. Y largá la silla. Che, Tito. ¡Qué hacés! Vos estás loco, Tito. ¿Por qué te sentás de nuevo? Ufa. Si no bajo ahora no voy a entender nada. ¿Y tu partido, vos? Déjate de michi. ¿Cómo? ¿En la silla? Qué ocurrencia. Mirá que te voy a creer que el partido no te importa. ¿En la silla? ¿En serio? ¿Como los italianos de abajo? La del diecisiete dice que los vio haciéndolo así. Bueno. Que le pareció. Y que estaban vestidos. Me vas a enganchar la media. Vos así no podes salir a la calle, Tito. Mirate un poco. En serio me parece que hoy no ves ningún partido. Se ríen. Debe ser cómica. Y yo que me la pierdo. Todo por tu capricho. ¿Ni el fútbol te interesa ahora? Y bueno. Entonces ya que no me lo subís, bájamelo al cierre. ¿Pero en la silla?, ¿te parece?, ¿no es mejor en la cama? ¿Vos creés que podremos?, ¿y vestidos? Mirá que hace calor. Sí. Tu michi. Ay Tito. ¿Los de arriba? ¿Y si se rompe? Mirá que estás medio gordito. ¿Vos creés que aguantará? ¡Qué lindo, ¿no?! Pero esperá que por lo menos cierro la puerta.