humanos. Por último, la Constitución de 2098, la primera Carta Magna de los Estados Unidos de la Tierra, actualmente en vigor, reconoció a los tecnohumanos los mismos derechos que a los humanos.

Fue también en dicha Constitución en donde se utilizó por primera vez el vocablo tecnohumano, puesto que la palabra replicante está cargada de connotaciones insultantes y ofensivas. Hoy tecnohumano (o, coloquialmente, tecno) es el único término oficial y aceptado, aunque en este artículo se haya usado también la voz replicante por razones de claridad histórica. Por otra parte, hay grupos de activistas tecnos, como el MRR (Movimiento Radical Replicante), que reivindican la denominación antigua como bandera de su propia identidad: «Ser rep es un orgullo, prefiero ser rep a ser humana, ni siquiera tecnohumana» (Myriam Chi,líder del MRR).

La existencia e integración de los tecnohumanos ha creado un fuerte debate ético y social que está lejos de haberse solventado Algunos sostienen que, puesto que, en su origen, la creación de replicantes como mano de obra esclava fue un acto erróneo e inmoral, simplemente deberían dejar de fabricarse. Esta posibilidad es rechazada de plano por los tecnos, que la consideran una opción genocida: «Lo que una vez ha existido, no puede regresar al limbo de la inexistencia. Lo que se inventa, no puede desinventarse. Lo que hemos aprendido, no puede dejar de saberse. Somos una nueva especie y, como todos los seres vivos, anhelamos seguir viviendo» (Gabriel Morlay). Actualmente, las cadenas de producción de androides (hoy llamadas plantas de gestación) son dirigidas al 50% por tecnos y por humanos. Un androide tarda catorce meses en nacer, pero cuando lo hace tiene una edad física y psíquica de veinticinco años.



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