
el gran filósofo y reformador social androide, que propuso una tregua para negociar la paz con los países productores de replicantes. Las difíciles conversaciones estuvieron a punto de naufragar innumerables veces; entre los humanos había una facción radical que rechazaba toda concesión y abogaba por prolongar la guerra hasta que los replicantes fueran muriendo, dado que en aquella época sólo vivían alrededor de cinco años. Sin embargo, también había humanos que condenaban los usos esclavistas y defendían la justicia de las reivindicaciones de los rebeldes; conocidos despectivamente por sus adversarios como
chuparreps, estos ciudadanos partidarios de los androides llegaron a ser muy activos en sus campañas en pro de las negociaciones. Esto, unido al hecho de que los rebeldes hubieran tomado el control de varias cadenas de producción y estuvieran fabricando más androides, acabó por cristalizar en la firma del
Pacto de la Luna de febrero de 2062, un acuerdo de paz a cambio de la concesión de una serie de derechos a los insurrectos. Se da la circunstancia de que el líder androide Gabriel Morlay no pudo firmar el tratado que había sido su gran obra, ya que pocos días antes cumplió su ciclo vital y falleció, acabando así su fugaz existencia de mariposa humana.
A partir de entonces los replicantes fueron conquistando progresivamente derechos civiles. Estos avances no estuvieron exentos de problemas; los primeros años tras la Unificación fueron especialmente conflictivos y hubo graves disturbios en diversas ciudades de la Tierra (Dublín, Chicago, Nairobi), con violentos enfrentamientos entre los movimientos pro-reps antisegregacionistas y los grupos de supremacistas