Las memorias son únicas y diferentes, pero todas poseen una versión más o menos semejante de la famosa Escena de la Revelación, popularmente conocida como el baile de los fantasmas; se trata de un recuerdo implantado, supuestamente sucedido en torno a los catorce años del sujeto, durante el cual los padres del androide le comunican que es un tecnohumano y que ellos mismos carecen de realidad y son puras sombras, imágenes vacías, un chisporroteo de neuronas. Una vez instalada la memoria en el androide, ésta no puede ser modificada de ningún modo. La Ley prohíbe y persigue cualquier manipulación posterior así como el tráfico ilegal de memorias, lo que no impide que dicho tráfico exista y sea un pingüe negocio subterráneo. La normativa vigente de la vida tecno ha sido contestada desde diversos sectores y tanto el MRR como distintos grupos supremacistas tienen presentados en estos momentos varios recursos contra la Ley. En la última década se han creado numerosas cátedras universitarias de estudios tecnohumanos (como la de la Complutense de Madrid) que intentan responder a los múltiples interrogantes éticos y sociales que plantea esta nueva especie.

Hubo un tiempo en el que las relaciones sexuales entre humanos y reps estuvieron prohibidas. Ahora simplemente estaban mal vistas, salvo que se tratara del antiguo y venerable negocio de la prostitución, por supuesto. Pablo Nopal sonrió con acidez y contempló la espalda desnuda de la chica guerrera. Una línea de elástica carne, una curva perfecta en la breve cadera. Sentándose en la cama, como ahora había hecho, Nopal también podía ver uno de sus pechos diminutos. Que subía y bajaba suavemente al compás de la tranquila respiración. Con todo lo dormida que parecía, y que seguramente estaba, bastaría con que le rozara la cintura con un dedo para que la mujer diera un brinco descomunal e incluso, quién sabe, hasta le propinara un buen golpe. Nopal se había acostado con las suficientes reps de combate como para conocer bien sus costumbres y sus inquietantes reflejos defensivos. Mejor no besarles el cuello en mitad de la noche.



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