
– ¿Qué pasa? -masculló.
La vecina detuvo su puño en el aire a medio golpe y dio un respingo, sobresaltada por su súbita aparición. Se puso de perfil, como si estuviera a punto de salir corriendo, y clavó en Bruna la mirada recelosa de su ojo izquierdo. Un ojo turbio y amarillento partido por la llamativa pupila vertical de los reps.
– Tú eres Bruna Husky…
No parecía una pregunta, pero de todas formas contestó.
– Sí.
– Tengo que hablar contigo de algo muy importante…
Bruna la miró de arriba abajo. Tenía el pelo enmarañado, las mejillas tiznadas, la ropa sucia y arrugada, como si hubiera estado durmiendo con ella puesta. Algo que, por otra parte, era lo que acababa de hacer la propia Bruna.
– ¿Es un asunto profesional?
La cuestión pareció desconcertar por un momento a la mujer, pero enseguida cabeceó, asintiendo, y sonrió. Media sonrisa de perfil.
– Sí. Eso es. Profesional.
Había algo inquietante, algo que no iba bien en esa rep desaliñada y temblorosa. Bruna sopesó la posibilidad de decirle que volviera otro día, pero la resaca la estaba matando e intuyó que rechazar a una persona tan obviamente llena de ansiedad iba a ser mucho más difícil y cansado que escucharla. De modo que se echó para atrás y la dejó entrar.
