
Roptat — Rop
Sevet — Sevya
Shedemei — Shedya
Truzhnisha — Truzhya
Vas — Vasya
Volemak —Volya
Wetchik — (sin diminutivo; título familiar de los Volemak)
Zdorab — Zodya
PROLOGO
El ordenador maestro del planeta Armonía estaba al fin lleno de esperanzas. Los seres humanos que había escogido se habían reunido fuera de la ciudad de Basílica. Ahora emprendían el primero de dos viajes. Éste los llevaría a través del desierto, a través del Valle de los Fuegos, hasta el extremo meridional de la isla antiguamente llamada Vusadka, a un sitio que ningún ser humano había hollado en cuarenta millones de años. El segundo viaje los llevaría desde ese lugar, a través de millones de años luz, hasta el planeta donde había nacido la especie humana, la Tierra, abandonado cuarenta millones de años atrás y ahora preparado para el retorno de los seres humanos.
No cualquier ser humano. Estos seres humanos. Los que habían nacido, al cabo de un millón de generaciones de evolución guiada, con mayor capacidad para comunicarse con el ordenador maestro, mente a mente, memoria a memoria. Sin embargo, al alentar a los poseedores de este poder a aparearse y perfeccionarlo en su progenie, el ordenador maestro no había intentado escoger a los más bondadosos u obedientes, ni siquiera a los más inteligentes o habilidosos. Eso no figuraba dentro del alcance de su programa. La gente podía ser más o menos difícil, más o menos peligrosa, más o menos útil, pero el ordenador maestro no estaba programado para evidenciar preferencia por la decencia o el ingenio.
Los primeros colonos del planeta Armonía habían instalado el ordenador maestro con un solo propósito: preservar la especie humana, impidiéndole el acceso a tecnologías que permitirían que las guerras y los imperios se expandieran en una magnitud que les permitiera destruir la capacidad de un planeta para albergar vida humana, como había sucedido en la Tierra. Mientras los hombres sólo pudieran luchar con armas de mano y sólo pudieran viajar a caballo, el mundo duraría, y sus habitantes humanos serían libres de optar por el bien o por el mal.
