Desde esa programación original, sin embargo, la influencia del ordenador maestro sobre la humanidad se había atenuado. Algunas personas se comunicaban con el ordenador maestro con una claridad inaudita pero otras mantenían un contacto muy débil. En consecuencia, nuevas armas y nuevos sistemas de transporte estaban apareciendo en el mundo, y aunque faltaran miles o decenas de miles de años para el final, ese final llegaría. Y el ordenador maestro de Armonía ignoraba cómo revertir el proceso.

Era urgente, pues, intentar el retorno a la Tierra, donde el Guardián de la Tierra podría introducir una nueva programación. Pero en los últimos meses el ordenador maestro y algunos de sus aliados humanos descubrieron que el Guardián de la Tierra ya estaba introduciendo algunos cambios.

Varias personas habían tenido nítidos y vigorosos sueños acerca de criaturas que nunca habían existido en Armonía, y el ordenador maestro descubrió sutiles modificaciones en su propia programación. Parecía imposible que el Guardián de la Tierra ejerciera su influencia a tanta distancia, pero esa entidad que cuarenta millones de años atrás había despachado las naves de los refugiados originales era la única fuente imaginable de esos cambios.

El ordenador maestro ignoraba cómo o por qué el Guardián de la Tierra actuaba de este modo. Sólo sabía que esos cuarenta millones de años habían afectado sus sistemas, y necesitaba reparaciones. Sólo sabía que el ordenador maestro de Armonía trataría de proveer lo que el Guardián de la Tierra le pidiera. Ahora le pedía que un grupo de seres humanos volviera a colonizar la Tierra.

Así sucedió que el ordenador maestro escogió a dieciséis habitantes de Basílica.



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