
Jane tomó su diario y se sentó en el sofá, con los pies debajo del trasero.
– Otro día de San Valentín sin un hombre -murmuró mientras escribía-. Procuro mantenerme optimista; sencillamente no he encontrado al hombre ideal, pero está en alguna parte y tengo que tener paciencia y esperar que me encuentre él, como encontró Paul a Holly.
Aunque sí que había un hombre casi perfecto, que era el rostro que veía cuando pensaba en su media naranja y que además vivía abajo, como el Paul de Desayuno con diamantes. En realidad Paul había vivido arriba, pero eso era un detalle insignificante, teniendo en cuenta que su hombre casi perfecto no la había mirado nunca como miraba Paul a Holly, con lujuria en los ojos.
Jane movió la cabeza y cerró el diario, que dejó en la mesita de café, decidida a no entregarse a la melancolía. Llorar no iba a servir de nada, aunque supiera que, en ese momento, Will McCaffrey, su príncipe de cuento, estaría vistiéndose para salir con una de sus muchas amigas.
Jane sabía que había preparado algo grande porque le había pedido consejos sobre flores y ella le había recomendado su floristería favorita y le había dado una lista de flores ideales para un ramo y sugerido unos cuantos restaurantes en los que podía reservar mesa. Incluso le había cosido un botón de la camisa y le había ayudado a elegir la corbata más apropiada.
– Buena chica -musitó para sí.
Will y ella eran amigos desde que él se mudó allí el año anterior. Se conocieron cuando la bañera de ella se salió y el agua cayó por el techo de él, que se ofreció a ayudarla a paliar el desastre, después de lo cual ella lo invito a galletas caseras y un vaso de leche con los que sellaron su amistad.
Jane no tardó mucho en comenzar a fantasear con él, y tardó menos aún en comprender que jamás se enamoraría de una chica corno ella. A Will le gustaban las rubias altas de sonrisa resplandeciente y cuerpo más hecho para la lencería fina que para los albornoces cómodos. Sus novias siempre eran seguras de sí mismas y sofisticadas y tenían aspecto de saber cómo complacer a un hombre. Jane era bajita y castaña, con un cuerpo que parecía más masculino que exuberante y mucha timidez. Lo único de ella que complacía a los hombres eran sus galletas de chocolate caseras.
