
Madre de tetas grandes, para grandes y ávidas bocas, matriz, tierra dividida de lo mayor a lo grande, o más a gusto unida de lo grande a lo mayor, por compra decimos o alianza, o robo experto, o crimen extremado, herencia de los abuelos y de mi buen padre, que en gloria estén. Siglos se tardó en llegar a esto, ¿quién puede dudar de que permanecerá así hasta la consumación de los siglos?
¿Y esta otra gente quién es, suelta y menuda, que ha venido con la tierra, aunque no registrada en la escritura, almas muertas, o todavía vivas? La sabiduría de Dios, amados hijos, es infinita: ahí está la tierra y quien ha de trabajarla, creced y multiplicaos. Creced y multiplicadme, dice el latifundio. Pero todo esto puede ser contado de otra manera.
Empezó a lloverles al caer la tarde, con el sol medio palmo encima de los cabezos bajos, a mano derecha, luego estaban las brujas peinándose, que éste es el tiempo que escogen. El hombre hizo parar al burro, y con el pie, para aliviarlo de la carga en la breve cuesta empinada, empujó una piedra hasta la rueda del carro. Esta lluvia, qué idea le habrá dado al regidor de las celestes aguas, no es de la estación, por eso hay tanto polvo en el camino y alguna bosta seca, o boñigos de caballo, que estando lejos de lugares habitados nadie ha venido a recoger. Ningún chiquillo de cesta enfilada al brazo se ha aventurado hasta tan lejos en la rebusca de estiércol natural, cogiendo cuidadoso con la punta de los dedos la esfera reventona, hendida a veces como fruto maduro. Bajo la lluvia, el suelo pálido y caliente se ha salpicado de estrellas oscuras, súbitas, que cayeron sordamente en el polvo fofo, y después un golpe de agua dándole de plano lo anegó. Pero la mujer tuvo tiempo de sacar al niño del carro, del nido que el jergón de rayas formaba entre dos arcas. Se lo arrimó al pecho, le cubrió la cara con la punta desatada del pañolón, y dijo, No se ha despertado. De cuidados, éste fue el primero, luego otro, Se va a empapar todo. El hombre mirando las nubes altas, y frunciendo la nariz, decidió con su saber de hombre, Esto no es nada, un chaparrón, pero por si acaso desenrolló una de las mantas, la extendió sobre los muebles, Hoy tenía que ponerse a llover, mal rayo me parta.
