
– St. James -Corntel asintió-. Hace siglos que no pienso en él. Dios mío, cómo pasa el tiempo, ¿verdad?
– Desde luego -Lynley continuó estudiando con curiosidad a su antiguo compañero de colegio, notando la forma enque su sonrisa destellaba y desaparecía, notando cómo sus manos se hundían en los bolsillos de la chaqueta y los palpaba, como si quisiera asegurarse de la presencia de un objeto que tenía la intención de extraer.
La sargento Havers abrió las luces para disipar la oscuridad del anochecer. Miró a Lynley. ¿Me quedo o me voy?, preguntaron sus ojos. Él le indicó con la cabeza una de las sillas. La joven se sentó, rebuscó en el bolsillo del pantalón, sacó un paquete de cigarrillos y lo agitó.
– ¿Quiere uno? -ofreció a Corntel-. El inspector aquí presente ha decidido abandonar un vicio más, maldito sea su mojigato deseo de impedir la contaminación del aire, y detesto fumar sola.
A Corntel pareció sorprenderle que Havers siguiera en la habitación, pero aceptó su invitación y sacó un encendedor.
– Sí, gracias -sus ojos se desplazaron hacia Lynley y luego los apartó. Con la mano derecha hizo rodar el cigarrillo sobre la palma izquierda. Se mordió un momento el labio inferior-. He venido a pedirte ayuda -dijo de pronto-. Te ruego que hagas algo, Tommy. Tengo graves problemas.
Capítulo 2
– Un chico ha desaparecido del colegio, y en mi condición de director de su residencia soy el responsable de lo que le ha ocurrido. Dios mío, si algo ha…
Corntel se expresaba con laconismo, fumando entre frases dispersas. Era director de residencia y jefe del departamento de inglés en Bredgar Chambers, un colegio privado asentado en una ondulación del terreno que separa Crawley de Horsham, en West Sussex, a poco más de una hora en coche de Londres. El chico en cuestión (trece años, alumno de tercer año y nuevo en el colegio) era de Hammersmith. La situación aparentaba ser una complicada estratagema orquestada por el muchacho para disfrutar de un fin de semana en plena libertad. Sólo que algo había ido mal, como fuera y donde fuera, y el chico había desaparecido desde hacía más de cuarenta y ocho horas.
