– ¿Quiénes son los Morant?

– Una familia aristocrática. Los tres hijos mayores han pasado por Bredgar Chambers. Una hermana está en el sexto inferior. En los dos últimos cursos aceptamos chicas -añadió sin que viniera a cuento-. Sexto inferior y superior femeninos. Me parece que Matthew debió de acobardarse. Quiero decir, por la familia, los Morant, no por aceptar chicas en el colegio.

– No lo entiendo. ¿Qué tiene que ver la familia con eso?

Corntel se removió en su silla y miró a la sargento Havers. Lynley adivinó en el nervioso movimiento de sus ojos lo que diría a continuación. Corntel había captado el acento de clase obrera de Havers. Si presentaba a los Morant como origen del problema (y, como Corntel había afirmado, era una familia aristocrática), Matthew, al igual que Havers, procedía de una extracción social muy diferente.

– Creo que Matthew se acobardó -prosiguió Corntel-. Es un chico de ciudad y acude por primera vez a un colegio privado. Siempre había ido a escuelas públicas. Siempre ha vivido en su casa. Ahora que se ha mezclado con un tipo distinto de gente… Bien, hace falta tiempo. Es difícil adaptarse -extendió la mano, con la palma hacia arriba, como solicitando mutua comprensión-. Ya sabes a qué me refiero.

Lynley vio que Havers alzaba la cabeza con brusquedad y entornaba los ojos al comprender la implicación que encerraban las palabras de Corntel. Sabía muy bien que siempre había llevado sus orígenes humildes como una especie de armadura.

– ¿Cuándo se advirtió la ausencia de Matthew? Supongo que los chicos tenían que reunirse en un lugar determinado antes de salir para pasar el fin de semana juntos. ¿No preguntaron dónde estaba? ¿No te informaron cuando no apareció?

– Imaginaron que sabían dónde estaba.



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