
Rikki suspiró y tiró el resto del café a la tierra. Azúcar en el café. ¿Qué se traía entre manos? Alzó la mirada al cielo limpio e intentó concentrarse en eso, pensar en su mar, la gran extensión de agua, toda azul, gris y verde. Colores calmantes. Incluso cuando ella estaba de lo más tempestuosa e imprevisible, el océano le traía calma.
Volvió a la casa, dejando la puerta mosquitera cerrada, pero la puerta trasera abierta de par en par para no sentirse tan encerrada. Sacó rápidamente brillo a las alacenas donde Blythe las había tocado dejando huellas indetectables, lavó las tazas de café y con cuidado aclaró el fregadero alrededor de la cafetera.
Tarareó ligeramente mientras empaquetaba el almuerzo. Necesitaba calorías altas, mucha proteína y azúcar. Sandwiches de mantequilla de cacahuete, dos con plátanos, aunque hubiera un viejo dicho que decía que los plátanos daban mala suerte, y un puñado de chocolatinas de mantequilla de cacahuete para mantenerla en marcha. Su trabajo era agresivo y duro, pero lo amaba y se deleitaba en ello, especialmente los aspectos solitarios de estar debajo del agua en un ambiente enteramente diferente, uno donde ella prosperaba.
Agua extra era esencial y se llenó una cantimplora mientras se preparaba y comía un gran desayuno, mantequilla de cacahuete sobre tostadas. No le gustaba el azúcar en el café pero no era lo bastante estúpida para zambullirse sin tomar las calorías suficientes para sostener sus funciones corporales en las frías aguas.
Comió, con la tostada en la mano, normalmente no utilizaba platos. Sus hermanas le habían dado el conjunto más hermoso con conchas marinas y estrellas de mar rodeando cada plato. Lavaba con cuidado la vajilla entera los jueves y su maravilloso conjunto de ollas y cacerolas los viernes, pero siempre los exponía para poder mirarlos mientras comía su bocadillo.
Había lavado y aclarado su traje de neopreno la noche antes y se había asegurado de que el equipo estuviera reparado. Rikki reparaba su propio equipo religiosamente esperando ese momento cuando todos sus sentidos le dirían que habría calma y podría ir a hacer submarinismo. Su equipo siempre estaba listo y guardado, así en el momento en que sabía que podía zambullirse, estaba lista.
