
Rikki Sitmore aterrizó con fuerza en el suelo al lado de la cama. Yació allí, con el corazón palpitando desenfrenadamente, el terror latiendo por las venas, su mente luchando por asimilar el hecho de que sólo era una pesadilla. La misma pesadilla vieja y familiar. Ella estaba a salvo e ilesa, aunque todavía podía sentir el calor del fuego en la piel.
– Maldita sea. -Manoseó el radio despertador, los dedos golpearon ciegamente en busca del botón para parar la alarma que sonaba como la alarma de sus sueños. En el silencio resultante, pudo oír el sonido de agua contestando a su grito de socorro, y supo por experiencia que todos los grifos de la casa estarían abiertos.
Se forzó a incorporarse, gimiendo suavemente cuando su cuerpo protestó. Las articulaciones y músculos dolían, como si hubiera estado rígida durante horas.
Rikki se limpió la cara empapada en sudor con la mano, se arrastró hasta ponerse de pie y obligó a su cuerpo dolorido a caminar de cuarto en cuarto cerrando grifos. Al final, sólo quedaron el lavabo y la ducha de su cuarto de baño. Mientras atravesaba el dormitorio, encendió la radio y la emisora costera inundó el cuarto con música. Hoy necesitaba el mar. Su amado mar. Nada funcionaba mejor para calmar su mente cuando estaba demasiado cerca del pasado.
En el momento que cruzó el umbral del cuarto de baño, los refrescantes colores marinos la rodearon calmándola instantáneamente. La pizarra verde bajo los pies hacía juego con las tortugas marinas que nadaban por un océano de brillante azul en las paredes.
Siempre se duchaba de noche para lavarse la sal del mar, pero después de una pesadilla especialmente mala, el agua sobre la piel se sentía como un lavado curativo a través de su alma. El agua en la ducha ya corría, llamándola y dio un paso en el cubículo. Instantáneamente el agua la calmó, empapándola hasta los poros, refrescante, su talismán personal. Las gotas en la piel se sentían sensuales, casi la hipnotizaban con la perfección de su forma. Se perdió en la claridad e inmediatamente se distrajo, yendo a otra realidad, donde todo el caos desaparecía de su mente.
