
Pero el mensaje no era lo que estaba buscando. Era breve, preciso y tan profesional que carecía de referencia alguna a su relación infortunada; sólo una última despedida de una ex empleada en camino a cosas mejores, tanto laborales como amorosas.
Hewlett:
Me voy.
Está todo en los archivos (por cierto, el asunto Bronson al final se ha filtrado a los medios: El SJMN se llevó la primicia. Nada nuevo, pero tendrías que mirarlo).
Gracias por todo y buena suerte,
Nic
Pierce se quedó un buen rato observando el mensaje. Se fijó en que lo habían enviado a las 16.55, hacía sólo unas horas. No tenía sentido contestar, porque la dirección de correo de Nicole habría sido borrada del sistema a las 17 horas, cuando había entregado su tarjeta magnética. Se había ido, y nada parecía tan definitivo como que lo borraran a uno del sistema.
Se preguntó por qué lo había llamado Hewlett. En el pasado ella había usado el nombre como una expresión de cariño. Un nombre secreto que sólo un amante usaría. Se basaba en sus iniciales, HP, como en Hewlett-Packard, el gigante de la informática que en esos días era uno de los Goliat del David Pierce. Nicole siempre lo decía con una sonrisa en la voz. Sólo ella podía salir bien librada poniendo como mote el nombre de un competidor. Pero ¿qué significaba que lo usara en su mensaje final? ¿Estaba sonriendo dulcemente cuando lo había escrito? ¿Sonriendo con tristeza? ¿Estaba titubeando, cambiando de opinión acerca de él? ¿Había todavía una oportunidad, una esperanza de reconciliación?
Pierce nunca había sido capaz de juzgar los motivos de Nicole James. Y esta vez no fue una excepción. Volvió a colocar las manos en el teclado y guardó el mensaje en la carpeta en la que conservaba todos los mails que había recibido de ella en los tres años de relación. La historia de su tiempo juntos -momentos buenos y malos, desde compañeros de trabajo a amantes- podía leerse en los mensajes.
