Casi mil mensajes de Nicole. Sabía que conservarlos era un acto obsesivo, pero era una cuestión de rutina. También tenía carpetas con mensajes en relación con varios de sus contactos laborales. El archivo de Nicole había empezado así, pero luego habían pasado de ser asociados a compañeros para toda la vida, o al menos eso había creído él.

Fue desplazándose por la lista de mensajes de correo de Nicole James, leyendo la línea de asunto del modo en que un hombre miraría las fotos de una antigua novia. Sonrió abiertamente al leer algunos de ellos. Nicole siempre era la maestra del asunto ocurrente o sarcástico. Después -por necesidad, como él sabía- se hizo maestra de la frase cortante y luego de la hiriente. Un asunto captó su atención durante su revisión: «¿Dónde vives?» Abrió el mensaje. Había sido enviado cuatro meses antes y era una pista tan buena como cualquier otra para saber lo que había sucedido entre ellos. En su mente el mensaje representaba el inicio del declive, el punto sin retorno.


Me preguntaba dónde vives porque no te he visto en Amalfi en las últimas cuatro noches.

Obviamente esto no está funcionando, Henry. Tenemos que hablar, pero tú nunca estás en casa. ¿Tengo que ir al laboratorio para que hablemos de nosotros? Sería muy triste.


Pierce recordaba que había ido a casa para hablar con ella después de este mensaje, lo cual había resultado en su primera ruptura. Pasó cuatro días en un hotel, viviendo con lo que llevaba en una maleta, acosándola por teléfono y correo electrónico y enviándole flores antes de que ella le permitiera volver a Amalfi Drive. Lo que siguió fue un esfuerzo genuino por parte de Pierce. Durante al menos una semana volvió a casa a las ocho, antes de que empezara a escabullirse y los turnos en el laboratorio comenzaran otra vez a alargarse hasta la madrugada.

Pierce cerró el mensaje y luego la carpeta. Algún día los imprimiría todos para leerlos como una novela. Sabía que sería la historia muy común y poco original de cómo la obsesión de un hombre lo llevó a perder lo que era más importante para él. Si fuera una novela la llamaría Una mota de polvo.



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