Pierce tenía la contraseña maestra para todas las puertas de la tercera planta. La utilizó para abrir la de Nicole y entró en el despacho.

– Luces-dijo.

Pero las luces del techo no se encendieron. El receptor de audio del despacho seguía registrado a la voz de Nicole. Seguramente el lunes lo habrían cambiado. Pierce se acercó a la pared y encendió las luces.

No había nada encima del escritorio. Ella le había dicho que el viernes a las cinco se habría ido y había cumplido la promesa, probablemente su última acción oficial en Amedeo Technologies había sido enviarle a él el mensaje de correo.

Pierce rodeó el escritorio y se sentó en la silla de Nicole. Aún se percibía un vestigio de su perfume, un susurro de lilas. Abrió el cajón de encima. Sólo había un clip. Nicole se había ido, eso estaba claro. Revisó los otros tres cajones y comprobó que todos estaban vacíos salvo por una cajita que encontró en el cajón inferior. La sacó y la abrió. Estaba llena hasta la mitad de tarjetas de visita. Extrajo una y la leyó.

nicole R. james

directora de inteligencia competitiva agente de información pública


amedeo technologies Santa Monica, california


Después de un momento, Pierce volvió a dejar la tarjeta en la caja y ésta en el cajón. Se levantó y se acercó a la fila de archivadores alineados en la pared opuesta.

Nicole había insistido en conservar copias en papel de los archivos de inteligencia. Había cuatro armarios archivadores. Pierce sacó las llaves y usó una para abrir un cajón que llevaba la etiqueta «Bronson». Sacó la carpeta azul, porque según el sistema de archivo de Nicole la carpeta más nueva sobre cualquier competidor era siempre de ese color. Pierce la abrió y vio una fotocopia de un recorte de la sección de negocios del San Jose Mercury News junto a los informes impresos. Lo había visto todo antes, salvo el recorte.



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