
– Supongo que eres atractiva a tu modo -. Birdie pasó el pulgar con manicura por el cierre enjoyado de su bolso de noche negro. -Del tipo exótica. Hoy en día llaman supermodelo a cualquiera que se pone delante de una cámara. Pero Glitter Baby era real. Y fíjate en la forma que se convirtió en una mujer de negocios exitosa. Siendo yo misma una mujer de negocios, admiro eso.
– Sí, ella es notable -. Meg amaba a su madre, pero eso no le impedía que algunas veces deseara que Fleur Savagar Koranda tropezase: perder un cliente importante, echar a perder una negociación importante, tener un grano. Pero toda la mala suerte de su madre le había llegado temprano en su vida, antes de que Meg naciera, dejando a su hija con el título del desastre familiar.
– Supongo que te pareces más a tu padre -, continúo Birdie. -Juro que he visto cada una de sus películas. Excepto las depresivas.
– ¿Cómo la película con la que ganó su Oscar?
– Oh, vi esa.
El padre de Meg era una triple amenaza. Un actor mundialmente famoso, ganador como dramaturgo de un premio Pulitzer y un escritor de best-sellers. Con padres tan mega-exitosos, ¿quién podría culparla por ser un fracaso? Ningún niño puede vivir con ese tipo de legado.
Excepto sus dos hermanos pequeños…
Birdie ajustó los tirantes de su vestido negro con cuello en forma de corazón que se le ajustaba un poco demasiado en la cintura. -Tu amiga Lucy es una cosita bonita -. No sonaba como un elogio. -Espero que aprecie lo que tiene con Teddy.
