Lucy suspiró. -Lo amo, pero a veces…

– ¿Qué?

Lucy hizo un gesto con la mano con una manicura recién hecha, mostrando unas uñas pintadas en color rosa pálido en lugar del verde esmeralda que corrientemente Meg prefería. -Es una estupidez. Nervios de última hora. No importa.

La preocupación de Meg creció. -Lucy, hemos sido las mejores amigas durante doce años. Conocemos los oscuros secretos una de la otra. Si algo está mal…

– Específicamente no hay nada mal. Sólo estoy nerviosa por la boda y toda la atención que está generando. La prensa está por todos los lados -. Se puso en el borde de la cama y puso la almohada contra su pecho, justo como solía hacer en la universidad cuando algo la molestaba. -Pero… ¿Qué pasa si él es demasiado bueno para mí? Soy lista, pero él es más listo. Soy guapa, pero él es espléndido. Intento ser una persona decente, pero él es prácticamente un santo.

Meg contuvo una creciente sensación de ira. -Te han lavado el cerebro.

– Nosotros tres crecimos con padres famosos. Tú, yo, y Ted… Pero Ted hizo su propia fortuna.

– No es una comparación justa. Has estado trabajando sin ánimo de lucro, no es exactamente una plataforma de lanzamiento para los multimillonarios -. Pero aún así Lucy era capaz de mantenerse a sí misma, algo que Meg nunca había logrado. Había estado muy ocupada viajando a lugares remotos con el pretexto de estudiar los problemas ambientales locales e investigando las artesanías indígenas, pero en realidad sólo se lo pasaba bien. Amaba a sus padres, pero no le gustaba la forma en que le habían cortado el grifo. ¿Y ahora qué? Tal vez si lo hubieran hecho cuando tenía veintiún años en lugar de treinta no se sentiría como una perdedora.

Lucy apoyó la pequeña barbilla en el borde de la almohada y así la junto con sus mejillas. -Mis padres lo adoran, y sabes cómo son respecto a los chicos con los que he salido.

– No tan abiertamente hostiles como mis padres con algunos con los que salgo.



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