
Un paso detrás de él, igual que una borrosa sombra lobuna, merodeaba un leopardo longibanda de cincuenta libras
Por dos veces, el cazador estiró su mano deliberadamente y retorció una enorme hoja, permitiéndole volver a su lugar. En algún lugar detrás de ellos crujió una rama, el sonido lo llevó el implacable viento. El leopardo que rastreaba dio un salto volviéndose, enseñando los dientes, siseando en amenaza.
– Fritz -la simple palabra fue bastante reprimenda para hacer que el animal se calmara al lado del hombre mientras ellos seguían su camino a través de la mojada vegetación sobre el suelo del bosque.
La misión había sido un éxito. Habían vuelto a secuestrar al hijo de un hombre de negocios japonés de los rebeldes, salieron corriendo cruzando el borde del río, su equipo se separó y se fundieron en el interior del bosque. Drake era responsable de llevar al chico a la familia que lo esperaba y salir del país, mientras Rio deliberadamente conducía a los perseguidores alejándolos de los otros, conduciéndolos al profundo territorio conocido por cobras y otras criaturas desagradables y altamente peligrosas. Rio Santana estaba cómodo en la vasta jungla, cómodo con estar solo rodeado de peligro. El bosque era su hogar. Siempre sería su hogar.
Rio aceleró el paso, casi corriendo, dirigiéndose al aumentado banco del furioso río. El agua había estado creciendo constantemente durante horas y tenía poco tiempo si quería conseguir que los leopardos cruzasen con él. Dirigió a sus enemigos a través del bosque, haciéndolos ir varias veces en círculo, pero manteniéndose fuera de alcance para obligarles a seguir detrás de él. Sus hombres se reportaron uno por uno. La radio crepitaba en la tormenta, pero con cada murmullo de estática, él daba otro suspiro de alivio.
El continuo ruido del correr del agua era demasiado alto, ahogando todo sonido de modo que tenía que confiar en el par de gatos para dar la alarma si sus tenaces adversarios lo cogían antes de lo que él planeaba.
