
Aún no existe una revista mensual soviética consagrada únicamente a la ciencia-ficción. El mundo de las aventuras actualmente aparece sólo una vez al año, aunque en la forma de un gran tomo.
Dos revistas mensuales, Técnica para jóvenes y Saber es poder, publican regularmente novelas y relatos de ciencia-ficción. La importante revista tecnológica, Inventores y racionalistas, publica en casi todos los números un relato de ciencia-ficción. Las revistas de literatura general, como Jóvenes o Neva, publican con frecuencia temas sobre fantasía científica. Además, existen un gran número de novelas, de colecciones de relatos, y de antologías. Entre los más recientes volúmenes de relatos, A través del tiempo, de la Zuravleva, tiene interés particular.
En conjunto, la situación de la ciencia-ficción en la URSS es mejor que la estadounidense, donde de treinta y cinco revistas de ciencia-ficción que existían en 1955, sólo quedaban en 1960 unas siete, aproximadamente.
No es raro oír todavía en la URSS cómo adversarios y paladines de la ciencia-ficción expresan un cierto descontento. Todos parecen de acuerdo en afirmar que la producción de ciencia-ficción en la URSS no es aún satisfactoria, en calidad o en cantidad. En el plano cuantitativo, se nota que tal deficiencia obliga a ciertas revistas y periódicos a publicar, como suplemento, obras absolutamente reaccionarias, mal escritas, llenas de espectros, de fantasmas, de vampiros. En el plano de la calidad, la lamentación más frecuente es la falta de personajes humanos, la ausencia, la amplitud de miras y la pobreza de fantasía, la insuficiencia de las construcciones utópicas. Pero me siento tentado de objetar que es preciso ya mucho valor para publicar, en la Unión Soviética, novelas que se desarrollen «después» de la época comunista. Desearía resaltar también que un cierto número de escritores de ciencia-ficción, en particular el Dudincev, de No sólo de pan se vive (1) y de Cuento de Año Nuevo o el Gurevic (2) de ¿Qué tiempo hace bajo tierra? han llegado mucho más allá de la crítica constructiva y de la protesta social de cualquier otro escritor soviético. No es un pequeño título de gloria.
