Es, por esta razón, que un editor, bien decidido a no rendirse a las exigencias de la banalidad, se siente hoy orgulloso de ofrecer a sus lectores esta modesta pero concreta antología.

Introducción

Dos rasgos fundamentales del carácter ruso, la preferencia por lo maravilloso y por la libertad, se manifiestan en la ciencia-ficción soviética. Sus raíces ahondan profundamente en la vida social y política de la Rusia anterior a 1917. Desde 1911, mucho antes de la aparición de revistas especializadas americanas, se publicaba mensualmente en Rusia una revista de ciencia-ficción, El mundo de las aventuras. Ricamente ilustrada, impresa en buen papel, la revista se nutría principalmente de traducciones. En ella fueron dados a conocer Julio Verne, Robida, Wells, Paul d'Ivoi y muchos otros autores alemanes, italianos y polacos.

El mundo de las aventuras publicaba también trabajos inéditos de autores rusos de ciencia-ficción, como Alasantrev y Pervuchin, En 1912 ofreció las primicias de un notabilísimo cuento de ciencia-ficción, escrito por uno de los principales autores rusos de la época, Alejandro Kuprin. Este relato, titulado El sol líquido, resulta, aun en nuestros días, de una modernidad extraordinaria. Está basado en la idea de licuefacción de la luz y la constitución de un líquido formado por fotones de energía, y no por moléculas de materia. Por otra parte, parece que un líquido de esta naturaleza existe, efectivamente, en algunas estrellas. Sin contar con que la conquista de la energía solar, como se la imaginaba Kuprin, está a punto de convertirse en realidad actualmente. Los más recientes satélites artificiales están alimentados con energía solar.

La revolución del 1917 dio vida en seguida a una abundante literatura de ciencia-ficción, de carácter extremadamente utópico.



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