Escoge temas como la telepatía y la levitación, y da de ellos explicaciones científicas o seudo científicas. Esta curiosa tendencia a un idealismo filosófico es, por lo demás, frecuente en la ciencia-ficción soviética; pero ya tendremos ocasión de volver sobre este punto. Representa, en mi opinión, una reacción contra el materialismo oficial y una manifestación, bastante elocuente, del espíritu de libertad de la fantasía científica. Beljaev ha tocado todos los temas de la ciencia-ficción, pero nunca el del viaje en el tiempo. También en esto tiene puntos de contacto con Verne. Como Verne, Beljaev vive, asimismo, en un universo newtoniano y considera al tiempo como una constante. Las mejores novelas de Beljaev son: Ariel, El salto a la nada, La estrella Kec, El maestro del inundo, El hombre anfibio y El último superviviente de la Atlántida.

Uno de los libros menores de Beljaev, La guerra en el éter, conoció un momento de celebridad, al saberse que el Pentágono estaba buscando un ejemplar a cualquier precio. Los estrategas americanos creyeron ver en él una anticipación de la derrota militar de Estados Unidos, victimas de un ataque de cohetes rusos apoyados por la aviación y las armas electrónicas. Pero La guerra en el éter termina con un brusco despertar del protagonista. Sólo ha sido un sueño, una pesadilla, y en el mundo de la realidad, las dos grandes democracias, URSS y USA, no corren ningún peligro de hacerse la guerra una a la otra. Esperemos que, en este punto, Beljaev se haya mostrado un buen profeta. De pasada, indiquemos también que esta conclusión imita la de La guerra infernal, de los franceses Giffardy Robida.

Como la obra de Julio Verne, la de Beljaev es extremadamente sólida. Anticipa poco, y de forma racional e inteligente. Se encuentran en ella pocos errores científicos.

Al igual que Verne, Beljaev se permite, a veces, asombrosas intuiciones poéticas. Fue, probablemente, el primer autor de ciencia-ficción que hizo resaltar que en la luna no hay noche, porque las rocas lunares remiten, por fluorescencia, la luz solar absorbida.



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