Aún más, la base intelectual de la novela reside menos en la ciencia-ficción que en la alquimia. Ciertas ideas sobre la vida de la materia podrían ser suscritas por alquimistas modernos, como Eugenio Canceliet o Rene Alleau. La novela tiene, además, características absolutamente extraordinarias, por la complejidad de la intriga, el nivel del «suspense», la descripción de los personajes. El estilo es notable. Se trata, pues, de una auténtica obra de arte de la ciencia-ficción, de una obra fundamental. El autor nació, en 1896, en el Caucazo. Su abuelo había sido un celebérrimo revolucionario, que murió en las prisiones del zar. Dolguzin combatió con los partisanos en la guerra contra los blancos hasta 1921. Empezó a escribir en 1925 y la primera versión de El generador milagroso lleva la fecha de 1936. Fue llamado a las armas en 1941. Cayó herido en 1942. En el hospital escribió un relato, Con un fusil contra los carros armados, que aquel mismo año obtuvo un premio literario. Terminada la guerra, se ocupó, principalmente, de divulgación científica, y se hizo célebre por dos libros de esta especialidad: En las fuentes de la nueva biología y En el corazón del mundo viviente. Lo que más impresiona en El generador milagroso es la enorme cultura del autor, tan a sus anchas en la electrónica como en la biología. Una cultura de esa clase falta en la mayor parte de los autores occidentales, Si el autor de El generador milagroso tuviese en su haber una obra conjunta más importante, seria, sin duda, un grande de la ciencia-ficción a escala mundial. Pero aparte de El generador milagroso, sólo nos ha dado hasta ahora un largo relato: El secreto de la invisibilidad. Demasiado poco para que sea posible incluir al autor en el grupo, por otra parte muy restringido, de los maestros de la ciencia-ficción. Sin embargo, esta calificación puede aplicarse con todo merecimiento a otro escritor, del que hablaremos ahora: I van Efremov.



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