
El hecho de que alguien tan carente de escrúpulos hubiera oído su conversación con Trevor ponía enferma a Georgie. No podía huir, todavía no, pero sus piernas empezaban a flaquear.
– ¿Qué haces aquí?
Georgie se dejó caer en una de las sillas tulipán.
– Había empezado a contártelo -respondió Trev-. A veces, Bram utiliza la otra casa que tengo un poco más abajo en la playa, la que estoy intentando vender. Como ha conseguido que nadie quiera darle trabajo, no tiene nada mejor que hacer que holgazanear por aquí y molestarme.
– No es que nadie quiera darme trabajo. -Bram cruzó sus tobillos cubiertos de arena. Incluso los arcos de sus pies tenían una curvatura tan perfecta como la hoja de una cimitarra-. Justo la semana pasada me ofrecieron humillarme a mí mismo en un nuevo reality show televisivo. Si no hubiera estado tan colocado cuando me llamaron, es probable que hubiera aceptado. Pero ya está bien así. -Sacudió una de sus elegantes manos-. Demasiado trabajo.
– Sí, lo que tú digas -contestó Trev.
Georgie escudriñó con nerviosismo la playa en busca de fotógrafos. Aquélla era una playa privada, pero la prensa haría cualquier cosa con tal de conseguir una fotografía actual de ella y Bram juntos. ¡Skip y Scooter juntos en público después de tanto tiempo! Se le revolvió el estómago al pensar en la posibilidad de que alguien tan predeciblemente malvado como Bram Shepard formara parte de su pesadilla pública.
Bram se reclinó en la tumbona y volvió a cerrar los ojos. Parecía un aristócrata aburrido tomando el sol. Una imagen engañosa, pues Bram no había terminado el instituto y fue criado en el South Side de Chicago por un padre que era un auténtico gorrón.
