
– Espero que hayas escondido las cuchillas de afeitar, Trev. Según se rumorea, después del duro golpe que le ha dado la vida, nuestra Scooter ha desarrollado instintos suicidas. Personalmente, creo que debería celebrar haberse librado por fin del tarado con el que se casó. Jade Gentry debe de haberse vuelto loca al dejarse embaucar por Míster América. Dime la verdad, Scoot. A Lance Marks no se le levanta, ¿no?
– Veo que sigues siendo un perfecto caballero. ¡Qué tranquilizador!
Tenía que escapar de allí sin que pareciera que salía corriendo. Intentó levantarse despacio de la tumbona y coger sus sandalias como si tal cosa, pero se dio cuenta, demasiado tarde, de que no recordaba dónde las había dejado.
Bram abrió los ojos y obsequió a Georgie con aquella sonrisa suya, despreocupada y socarrona, que había desarmado a tantas mujeres que, por lo demás, tenían buen criterio.
– Por lo que he leído, la feliz pareja ha regresado al extranjero para continuar con sus bien publicitadas obras benéficas.
Durante su luna de miel, Lance y Jade realizaron un viaje humanitario a Tailandia. Georgie nunca olvidaría su comunicado de prensa. «Queremos utilizar nuestra fama para dar a conocer la causa humanitaria preferida de Jade, la lucha contra la explotación de los niños por parte de la industria del sexo.»
Georgie no tenía ninguna causa humanitaria, al menos nada que lucra más allá de firmar algunos sustanciosos cheques. Buscó desesperadamente sus sandalias con la mirada.
Bram señaló con su estilizado dedo debajo de la tumbona en la que Georgie se había sentado antes.
– Su campaña para reforzar las leyes contra el turismo sexual con niños es enternecedora. Y, mientras ellos batallan en el Congreso, he oído decir que tú has estado dedicando tus energías a comprar en los almacenes Fred Segal.
