
Si el servicio de aparcamiento del restaurante no hubiera elegido aquel momento para llevarle su Audi, probablemente Bram se habría olvidado del incidente, pero cuando se sentó al volante de su coche, la curiosidad lo venció. ¿Adónde iba a lamer sus heridas una princesa de la prensa del corazón cuando no le quedaba ningún lugar donde esconderse?
La comida a que había asistido Bram había sido un desastre y no tenía nada mejor que hacer, así que decidió unirse a la cabalgata de paparazzi. Aunque no podía ver el Prius de Georgie, por la forma serpenteante en que los periodistas se movían entre el tráfico dedujo que Georgie estaba conduciendo de forma alocada en dirección a Sunset. Bram encendió la radio, volvió a apagarla y consideró su situación. Su mente empezó a sopesar una interesante perspectiva.
Al final, la cabalgata tomó la carretera del Pacífico en dirección norte y a él se le ocurrió cuál era el destino probable de Georgie. Frotó la parte superior del volante con el pulgar.
La vida estaba llena de interesantes coincidencias…
Deseó poder arrancarse la piel y cambiarla por otra. Ya no quería ser Georgie York. Quería ser una persona con dignidad y merecedora de respeto.
Oculta tras los cristales tintados de su Prius, se enjugó la nariz con el dorso de la mano. Hubo un tiempo en que hacía reír a la gente, pero ahora, a pesar de todos sus esfuerzos en contra, se había convertido en la imagen misma del sufrimiento y la humillación.
