
Georgie nunca le perdonaría esa mentira.
Trevor salió a la terraza llevando una bandeja de cuero blanco con dos vasos de margarita y una jarra medio llena. Con toda galantería, ignoró las lágrimas que resbalaban por debajo de las gafas de sol de Georgie.
– El bar está oficialmente abierto.
– Gracias, colega.
Georgie cogió el cóctel helado y, cuando Trevor se giró para dejar la bandeja en la mesa de la blanca terraza, se enjugó las lágrimas. No podía contarle lo de la ecografía. Ni siquiera sus mejores amigas sabían lo que significaba para ella tener un hijo. Ese dolor lo había mantenido en secreto. Un secreto que las fotografías que acababan de tomarle expondrían al mundo.
– El viernes pasado terminamos la grabación de Concurso de baile -explicó Georgie-. Otro desastre.
No podía afrontar tres fracasos de taquilla seguidos y eso era lo que tendría cuando se estrenara Concurso de baile. Dejó el vaso en el suelo sin probarlo.
– Mi padre está furioso por los seis meses de vacaciones que me he tomado -dijo ella.
Trevor se sentó en una silla tulipán de plástico moldeado.
– Has estado trabajando prácticamente desde que saliste del útero. Paul tiene que permitirte holgazanear un poco.
– Ya, como que eso va a suceder.
– Ya sabes lo que opino respecto a su forma de presionarte -comentó él-. No pienso decir nada más sobre ese asunto.
– No lo hagas.
Ella conocía de sobra la generalmente acertada opinión de Trevor sobre la difícil relación que ella mantenía con su padre. Georgie dobló las piernas y se las rodeó con los brazos contra el estómago.
– Diviérteme con algún buen cotilleo.
– Mi coprotagonista está cada día más loca. Si alguna vez se me ocurre grabar otra película con esa mujer, mátame. -Trev movió su silla para que su cabeza rapada quedara en la sombra-. ¿Sabías que ella y Bram habían salido juntos?
