
»Pero mi resurrección no es el símbolo de mi victoria sobre la muerte. Simboliza, más bien, la victoria de la vida de la humanidad. Mi resurrección, mi liberación de las cadenas de la muerte, ha sido posible porque por fin ha llegado el momento de que la humanidad rompa las ataduras que la aprisionan y reclame para sí el glorioso futuro que le aguarda.
»Que nadie se confunda. Las aflicciones que han asolado al mundo durante estos últimos tres años y medio no han sido el resultado del azar ni de desastres naturales. Han sido todas actos crueles y calculados de opresión sobrenatural, ejecutados a través de Juan y Cohen, contra toda la humanidad. Pero estos dos hombres no actuaron solos. Es más, no eran más que meros canales de los que se ha servido una fuerza maligna y opresora; una entidad espiritual -salvaje, bárbara y egoísta- cuya meta era, y es, evitar que la raza humana cumpla su destino y alcance el lugar que merece en el universo.
»El poder que ordenó mi asesinato y la entidad que ha llevado al mundo al borde de la aniquilación son uno solo. Pero mi resurrección es la prueba de que esta entidad puede ser derrotada, de que la Tierra puede ser restituida, de que la humanidad está lista para romper las cadenas de la esclavitud y dar el último paso en su evolución hacia la plenitud espiritual.
»He regresado para sacar al mundo de esta era de destrucción y muerte, y guiarlo a una era nueva y trascendente, donde el sufrimiento y la muerte no forman parte de la vida; una edad nacida de las pruebas a las que ha sido sometida la Tierra y un tiempo de armonía individual con el universo. Vosotros, los que habéis sobrevivido a los desastres, las inundaciones, los terremotos; ¡vosotros sois los supervivientes y seréis los vencedores!
»La raza humana ha probado lo peor de la opresión de este ser malvado y ha resistido desafiante. Es el poder de esta resistencia el que ha debilitado al enemigo. Esta resistencia y la confianza de la humanidad en sí misma son las que la han abocado a la Nueva Era.
