Durante las tareas, el aula estaba silenciosa y oscura, porque había saltado la luz. Dejé que Aníbal atravesara los Alpes y que los gansos del Capitolio lo esperaran aguerridos; dirigí la mirada hacia la ventana de cristales empañados y vi mi imagen opaca y desenfocada: sin amor un hombre no es nada, diario, no es nada… (ni yo soy una mujer…).

2001

25 de enero


Hoy cumple diecinueve años. En cuanto me desperté cogí el móvil y el bip bip de las teclas resonó por mi habitación. Le mandé un mensaje de felicitación al que no sé si responderá con un gracias, o si se partirá de risa al leerlo. Ya no podrá contenerse cuando lea la última frase que le he escrito: «Te amo y es lo único que cuenta».


4 de marzo

7,30 horas


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que he escrito y no ha cambiado casi nada. Durante estos meses me he arrastrado, cargando sobre mis hombros mi inadaptación al mundo. Alrededor sólo veo mediocridad y hasta la idea de salir me pone mal. ¿Para ir adonde? ¿Con quién?

En tanto, mis sentimientos por Daniele han aumentado y ahora siento estallar el deseo de que sea mío.

No nos vemos desde la mañana en que me fui llorando de su casa y tan sólo ayer por la tarde una llamada suya ha roto la monotonía que me ha acompañado durante todo este tiempo. Espero que no haya cambiado, que todo en él haya permanecido igual a aquella mañana en que conocí al Desconocido.

Oír su voz me ha despertado de un largo y pesado sueño.



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