
– ¿Por qué, no te dejarías follar por alguien así? -preguntó la que traicionó mi confianza a otra.
– No, lo violaría contra su voluntad -respondió, riendo.
– ¿Y tú, Melissa? -me preguntó. -¿Tú, qué harías?
Me volví y le dije que no lo conozco y que no tengo ganas de hacer nada. Ahora las oigo reír, y sus carcajadas se confunden con el sonido metálico y retumbante de la campana que indica el final de la hora.
16,35
En la tarima montada para la asamblea, no presté atención a los precintos desbordados ni a los McDonald's incendiados, aunque había sido elegida para redactar el acta del encuentro. Estaba en el centro del largo escritorio, con los invitados de las facciones enfrentadas a cada lado. El chico del rostro angelical se había sentado junto a mí, con un boli en la boca, que roía sin decoro. Y mientras el derechista convencido se enfrentaba al izquierdista encarnizado, mis ojos estaban absortos en el boli azul encajado entre sus dientes.
– Apunta mi nombre entre los oradores -dijo, con el rostro vuelto sobre su hoja de apuntes.
