29 de julio


Diario:

Hace más de dos semanas que frecuento la compañía de Daniele y ya me siento muy ligada a él. Es verdad que sus modales conmigo son bastante bruscos y nunca le sale de la boca un cumplido ni una palabra atenta: sólo indiferencia, insultos y carcajadas provocativas. Sin embargo, su manera de actuar hace que me entregue aún más. Estoy segura de que la pasión que tengo dentro conseguirá hacerlo completamente mío, pronto se dará cuenta. En las tardes calurosas y monótonas de este verano a menudo me encuentro pensando en su sabor, en la frescura de su boca de fresa, en sus músculos firmes y vibrantes como grandes peces vivos. Y entonces siempre me toco y tengo unos orgasmos estupendos, intensos y llenos de fantasías. Siento que una pasión enorme vive dentro de mí, la siento latir contra mi piel porque desea salir y desencadenar toda su potencia. Tengo unas ganas locas de hacer el amor, lo haría incluso ahora mismo y seguiría durante días y días, hasta que la pasión encontrara salida y se quedara fuera; al fin libre. Sé a priori que nunca tendré bastante; en un instante reabsorberé lo que he dispersado fuera para volver a abandonarlo a la intemperie, en un ciclo siempre igual, siempre emocionante.


1 de agosto


Me ha dicho que soy incapaz de hacerlo, que soy poco apasionada. Me lo ha dicho con su habitual sonrisa burlona y me marché deshecha en lágrimas, humillada por su respuesta. Estábamos en la hamaca de su jardín; apoyaba la cabeza en mis piernas y yo le acariciaba el pelo lentamente y miraba sus cejas cerradas de chico de dieciocho años. Le pasé un dedo por los labios y me mojé un poco la yema; él se despertó y me miró con aire interrogativo.

– Tengo ganas de hacer el amor, Daniele -le dije de pronto, con las mejillas ardientes.



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