
– Tsch. -La mano se giró y los dedos ásperos tamborilearon en su mejilla-. Te había dado pie para que dijeras que no he cambiado un ápice. ¿Es que no te enseñé a mentir mejor a una dama? No sabía que hubiera sido tan negligente. -Con perfecta compostura, apartó la mano e hizo un gesto con la cabeza a su acompañante-. Os presento a mi prima, lady de Hueltar. Tessa, te presento a mi lord el castelar de Cazaril.
Por el rabillo del ojo, Cazaril vio que el alcaide, con un suspiro de alivio, bajaba la guardia, se cruzaba de brazos y se apoyaba en el marco de la puerta. Aún de rodillas, Cazaril se inclinó torpemente en dirección a la devota.
– Sois muy amable, vuestra gracia, pero ya no poseo Cazaril, ni su torre, ni ninguna de las tierras de mi padre. Tampoco reclamo su título.
– No seáis tonto, castelar. -Bajo su tono de broma, su voz se endureció-. Hace diez años que murió mi querido provincar, pero habré de encargar a los demonios del Bastardo que devoren al primer hombre que ose llamarme algo menos que provincara. Tenemos lo que podemos retener, querido muchacho, no dejes que nunca te vean flaquear o vacilar.
Junto a ella, la devota se envaró en un gesto de desaprobación ante la brusquedad de aquellas palabras, ya que no, quizá, ante el sentimiento que las respaldaba. Cazaril consideró imprudente señalar que su título pertenecía ahora a la nuera de la provincara. Su hijo, el actual provincar, y su esposa probablemente lo juzgarían igual de imprudente.
– Siempre seréis la gran dama para mí, vuestra gracia, la que adoramos a distancia.
– Mejor -aprobó juiciosamente la viuda-. Mucho mejor. Me gustan los hombres que saben conservar el ingenio. -Hizo una seña al castellano-. De Ferrej, traed una silla al castelar. Y otra para vos; parecéis un cuervo ahí plantado.
El alcaide, aparentemente acostumbrado a este trato, sonrió y murmuró:
– De inmediato, vuestra gracia.
Trajo una silla labrada para Cazaril, con el gratificante murmullo de ¿Desea tomar asiento, mi lord? y encontró otra para sí en la cámara adjunta, que situó algo alejada de la dama y su invitado.
