– ¿Te lo has pasado bien en la fiesta? -preguntó Turner, al final.

– Sí. Casi todo ha sido precioso.

– ¿Casi todo?

Turner vio que fruncía el ceño. Obviamente, no había querido revelar tanta información.

– Bueno -dijo, despacio, mordiéndose el labio y soltándolo antes de continuar-, es que una de las niñas me ha dicho cosas muy desagradables.

– Ah. -Turner sabía que era mejor no ser demasiado inquisitivo.

Y, obviamente, tenía razón porque, cuando Miranda habló, le recordó a su hermana. Lo miró con los ojos sinceros y las palabras salieron firmemente de su boca.

– Ha sido Fiona Bennet -dijo, con desdén-, y Olivia la ha llamado vaca estúpida, y debo admitir que no lamento que lo haya hecho.

Turner mantuvo la expresión seria.

– Si Fiona te ha dicho cosas desagradables, yo tampoco lamento que lo hiciera.

– Ya sé que no soy guapa -añadió Miranda-. Pero es de muy mala educación decirlo. Y es de mala persona.

Turner la miró durante un buen rato, porque no estaba seguro de cómo consolarla. No era guapa, era cierto, y si intentaba decirle que lo era, no le creería. Pero no era fea. Era… distinta.

Sin embargo, se ahorró tener que decir algo gracias al siguiente comentario de Miranda.

– Creo que es por el pelo castaño.

Él arqueó las cejas.

– Es común -explicó Miranda-. Igual que los ojos marrones. Y tengo la mitad del cuerpo muy delgada, la cara muy larga y soy muy pálida.

– Bueno, todo eso es cierto -dijo Turner.

Miranda se volvió hacia él con los ojos grandes y tristes.

– Tienes el pelo castaño y los ojos marrones. Nadie puede negarlo. -Ladeó la cabeza y fingió inspeccionarla de arriba abajo-. Eres delgada y sí, tienes la cara alargada. Y eres pálida.

A Miranda le temblaron los labios y Turner no pudo seguir tomándole el pelo.



10 из 264