
– ¡Cabeza dura, insoportable! -murmuró-. Ha vivido demasiado tiempo sin una mujer y eso lo incapacita para la compañía humana.
Linnea tuvo ganas de decir: "Estoy totalmente de acuerdo", pero le pareció más prudente morderse la lengua. También pensó que Nissa era una mujer, pero, al parecer, en esa región tener a una "mujer" en la casa no significaba vivir con la madre.
Nissa la hizo pasar por la puerta trasera, que estaba abierta, y entraron en una cocina que olía a vinagre.
– No es gran cosa, pero está tibia y seca y, como sólo vivimos aquí tres de los Westgaard, tendrá un cuarto para usted sola, que es más de lo que habría tenido en cualquier otro lugar.
Linnea se dio la vuelta, sorprendida:
– ¿Son tres?
– ¿Él no le ha hablado de Kristian?
Un poco desorientada por la velocidad y el tono autoritario de la mujer, se limitó a mover la cabeza.
– ¡Qué le pasa a este hombre! Kristian es su hijo, mi nieto. Está afuera, segando trigo. Vendrá a la hora de la cena.
Linnea miró alrededor, en busca del eslabón perdido: la esposa, la madre, pero no vio a nadie. Evidentemente tampoco le explicarían por qué-
– Esta es la cocina. Espero que sepa disculpar el desorden: he estado haciendo conservas de melón. -En una gran mesa redonda de roble con una pata central, alineados como soldados, había unos frascos de cristal, pero Linnea casi no tuvo tiempo de echarles un vistazo ya que la mujer siguió avanzando de un cuarto a otro-, Esta es la habitación del frente. Yo duermo allí. -Señaló la única puerta que se abría en el recinto-. Y ese es el cuarto de Teddy. El de usted y el de Kristian están en la planta alta.
