— Por lo menos pudiste haberte puesto algo decente.

— Pero si tú también llevas pantalones cortos — me excusé.

— Se trata de un traje comercial, no de un floreado jardín ambulante.

— Tomé lo primero que encontré en el armario. Me dijistes que me diera prisa.

— Se suponía que estarías aquí, en el despacho, no en la playa.

Debí poner una cara muy amarga.

— Jeremy, este negocio es tan tuyo como mío y de tus hermanos. No comprendo por qué no te tomas interés. Tus hermanos…

— Aquí no hay nada que yo pueda hacer, papá. Por lo menos, nada interesante. Sin mí lleváis la cosa estupendamente.

— ¿Nada interesante? — parecía sorprendido y furioso al mismo tiempo -. ¿No es interesante dirigir la primera empresa del mundo de minería en mares profundos. ¿Manejar transportes intercontinentales por cohete no es interesante?

Me encogí de hombros.

— Es una rutina, papá. Habéis hecho todo el trabajo nuevo, el trabajo difícil. Tú, Rick y todos. Ya no queda nada que sea novedad; no hay interés; por lo menos para mí.

Mi padre sacudió la cabeza, incrédulo.

— Tus hermanos comenzaron exactamente en donde te encuentras tú hoy, dijeron lo mismo que tú, pero hundieron sus dientes en su trabajo y me ayudaron a levantar Thornton Pacific. Espero que hagas lo mismo. No me falles, Jeremy.

No contesté.

Fue hasta su escritorio y ojeó un manojo de notas.

— Bueno, tengo un trabajo para ti, interesante o no. Vas a ir a Boston en el vuelo de las diez en punto, lo que significa que tendrás que darte prisa para coger el cohete.

— ¿Boston? ¿Para ver al tío…?

— Se trata de un vuelo comercial, no de una visita de sociedad. Te presentarás en la División de Climatología. Te encontrarás en Nueva York a las cuatro y media, hora del Este, y podrás llegar a Boston lo máximo a las cinco y media. He avisado a las personas de Climatología y les he dicho que te esperen.



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