Permaneció bastante tiempo en posición de descanso observando aquella actividad febril de soldados y oficiales que ignoraban su presencia hasta que dos números armados le ordenaron que les acompañara.

Descendieron a un sótano que olía a letrina y le encerraron en un calabozo muy espacioso donde había ya una persona recluida. Hasta que se acostumbró a la penumbra no pudo ver que se trataba de un militar republicano con galones de cabo primero. Era un hombre enteco, que Alegría calificó inmediatamente de desaliñado. A despecho de su superior graduación, le observaba con descaro, pero, como no corrían tiempos para disciplinas, se limitó a decir «buenos días» de la forma menos militar posible.

Estaba amaneciendo.

¿Qué es un vencido por el vencido?

Gracias a su testimonio, sabemos que aquel compañero de celda se limitó a pedirle desabridamente un poco de picadura para liar un pitillo y mostrar una indiferencia grosera cuando supo que el recién llegado no fumaba.

El capitán Alegría fue a acurrucarse lo más lejos posible de su compañero de celda y se dejó caer en un lugar sombrío de aquel sótano donde no llegara la luz que se insinuaba ya por las troneras. Suponemos que el orden de los hechos tenía algo que ver con las previsiones del rendido, pero algo innoble estaba desvirtuando su valor real, algo deformaba los acontecimientos y reducía su rendición, que él había concebido llena de sutilezas y matices morales, a lo más mezquino de su gesto.



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