
– No puedo más que lamentar que el tribunal no haya llegado a otra conclusión -contestó de manera algo formal.
– Tres meses de prisión y ciento cincuenta mil coronas de indemnización por daños y perjuicios. Una sentencia que debe de resultar dura -dijo «la de TV4».
– Sobreviviré.
– ¿Vas a pedirle disculpas a Wennerström? ¿A darle la mano?
– No, no creo. Mi idea sobre la ética empresarial del señor Wennerström no ha cambiado.
– ¿Así que sigues pensando que es un sinvergüenza? -se apresuró a preguntar Dagens Industri.
Tras aquella pregunta se escondía una cita acompañada de un devastador titular, y Mikael podría haber mordido el anzuelo si el reportero no le hubiese advertido del peligro al acercar su micrófono con un entusiasmo algo excesivo. Meditó la respuesta un instante.
El juez acababa de dictaminar que Mikael Blomkvist había calumniado al financiero Hans-Erik Wennerström, así que la condena impuesta fue por difamación. El juicio había concluido y Mikael no tenía intención de recurrir la sentencia. Pero ¿qué pasaría si, imprudentemente, repitiese sus declaraciones en las mismas escaleras del juzgado? Mikael decidió que no quería averiguarlo.
– Consideré que tenía buenas razones para publicar aquellos datos. El juez lo ha visto de otro modo y, naturalmente, debo aceptar que el proceso jurídico haya seguido su curso. Ahora vamos a comentar la sentencia detenidamente en la redacción antes de decidir qué hacer. No tengo nada más que añadir.
– Pero se te olvidó que un periodista debe probar sus afirmaciones -dijo «la de TV4» con un deje de dureza en la voz.
No podía negar lo que ella decía. Habían sido buenos amigos. Su cara mostraba indiferencia, pero Mikael creyó detectar en sus ojos una sombra de decepción y rechazo.
