
– Phoebe también es muy amiga suya. Además, Kate no es muy alta y quedaría mal con una madrina que le sacara una cabeza.
– Sí, pero Phoebe está casada.
– ¿Y qué?
– Pues que estando tú soltera, lo lógico sería que fueras tú la madrina -insistió Aisling.
– Soy un poco vieja para eso -intentó sonreír Bella. Sin embargo, sentado entre las dos, Josh se dio cuenta de que había tensión entre ellas.
– No eres tan vieja. No puedes tener más de treinta y cinco.
Josh se aclaró la garganta. Aisling acababa de meterse en terreno peligroso. Bella era muy sensible sobre el tema de la edad. Efectivamente, cuando miró a su izquierda, vio que los ojos azules de su amiga se habían oscurecido.
– Pues no. Resulta que sólo tengo treinta y dos.
Y cuando miró a Josh lo que quería decir estaba claro: «Y no se te ocurra decir que estoy a punto de cumplir treinta y tres».
– ¿Ah, sí? -siguió Aisling, sin ningún tacto-. Como eras compañera de Josh en la universidad, pensé que tendríais la misma edad.
– No, él es un poco mayor que yo -replicó Bella, con los dientes apretados.
Josh decidió que era el momento de cambiar de tema.
– Entonces, ¿quién es la madrina, Phoebe?
– No, Phoebe es la dama de honor. La madrina es Alex, la hija de Finn. Está emocionada, no podía parar de saltar mientras ayudábamos a Kate a vestirse. Además, es mejor que sea su hijastra. Si yo hubiera sido la madrina, no habría podido ponerme esta pamela.
– Y eso habría sido un crimen -sonrió Josh.
– ¿Qué te parece?
– Es… muy grande -contestó él diplomáticamente.
Bella soltó una risita y, por un momento, fue la Bella de siempre; su expresión vivida y los ojos azules llenos de alegría. Josh se dio cuenta entonces de cuánto la había echado de menos.
Eran muy buenos amigos, pero últimamente no parecía la misma. Algo pasaba, era como si hubiera perdido la alegría.
Quizá tenía problemas con Will, se dijo. Pero había visto a Bella pasar por más crisis románticas de las que quería recordar y eso nunca había afectado a su relación.
